“La ley ha sido escrita con manos masculinas, desde lógicas masculinas, para garantizar el orden que más conviene al poder”. – Alda Facio¹
Cuando la ley también duele
La ley suele representarse como una mujer con los ojos vendados, símbolo de imparcialidad. Pero para muchas mujeres que han sufrido violencia, esa venda no significa justicia… sino ceguera. Una ceguera que no ve el miedo en los ojos de una mujer golpeada. Que no escucha los gritos ahogados de una adolescente abusada. Que no entiende la soledad de una víctima que se anima a denunciar, solo para ser cuestionada, juzgada y revictimizada.
Para muchos, la ley no es un refugio, sino una segunda agresión.
Durante siglos, el sistema legal fue construido sin la voz de las mujeres. Alda Facio lo explica claramente: el derecho se desarrolló desde una visión androcéntrica, que sitúa al varón blanco, propietario, heterosexual como el “sujeto universal” de la ley¹. Todo lo que se sale de ese molde ha sido considerado sospechoso, menor o descartable.
Esa estructura legal no desaparece por sí sola. Persiste en normativas que exigen “pruebas contundentes” para creer a una víctima, en sentencias que consideran “pasionales” los feminidios, en policías que preguntan: “¿Y por qué no se defendió?”
Lucía Pérez tenía 16 años cuando fue drogada, violada y asesinada en Argentina. En 2018, los jueces absolvieron a los acusados del delito sexual alegando que no había pruebas de que Lucía “no consintió” ³. Como si una bajo efectos de drogas adolescentes pudiera dar consentimiento real. Como si el silencio de una menor muerta fuera prueba a favor del agresor.
La lógica judicial que exige a las víctimas pelear con uñas y dientes, gritar, escapar y volver ilesas para contar lo sucedido, es cruel. Ignora que muchas veces el miedo paraliza. Que el abuso es sutil, repetido, progresivo. Que el trauma no siempre deja marcas visibles, pero sí profundas cicatrices en el alma.
Denunciar no es fácil. Para muchas mujeres, especialmente indígenas, migrantes o de escasos recursos, hacerlo implica atravesar un laberinto hostil: funcionarios que no escuchan, agentes que no creen, exámenes invasivos, esperas interminables y juicios donde su vida entera es puesta bajo la lupa.
- En Estados Unidos muchas mujeres indígenas han denunciado que sus casos de abuso sexual son ignorados por la justicia federal.
- En las reservas, las víctimas quedan atrapadas en un limbo legal sin acceso real a protección o justicia. ⁴
- Y en El Salvador, hay mujeres presas por sufrir abortos espontáneos. Son condenadas por “homicidio agravado” bajo leyes que consideran cualquier pérdida del embarazo como un crimen⁵. La ley, lejos de protegerlas, las castiga en sus momentos más vulnerables.
El feminismo jurídico propone una transformación profunda del sistema legal: que las leyes parten de la experiencia de las mujeres, no de su negación. Catharine MacKinnon denuncia cómo la ley ha ignorado sistemáticamente la violencia sexual al tratarla como algo privado, trivial o inevitable⁶. Y Kimberlé Crenshaw insiste en que no todas las mujeres viven la ley de la misma manera: la raza, el origen, la pobreza o el idioma agravan la violencia institucional⁷.
Necesitamos una justicia que no sea solo punitiva, sino restaurativa. Que se enfoque en reparar el daño, en restaurar vínculos, en devolver dignidad. En Colombia, por ejemplo, se han implementado círculos de justicia restaurativa con participación comunitaria y enfoque terapéutico para mujeres víctimas de violencia doméstica⁸.
Cuando una mujer violentada se atreve a hablar y la ley le responde con incredulidad, tecnicismos o castigo, no solo falla el sistema: fallamos todos. Cada sentencia injusta, cada agresor libre, cada víctima humillada, debilita la esperanza de los demás.
Pero también hay caminos. Mujeres que luchan, que denuncian, que transforman el dolor en fuerza. Y también hay voces —como la tuya y la mía— que podemos unirnos para cambiar esta historia. La justicia verdadera no es la que castiga a ciegas. Es la que mira a los ojos del sufrimiento… y actúa.
REFERENCIAS
- Alda Facio, El derecho humano de las mujeres a una vida libre de violencia (San José: IIDH, 2006), p. 16.
- El País, “La justicia absuelve a los cinco acusados de violación grupal en Sabadell”, 4 de abril de 2022.
- Página/12, “El nuevo juicio por el feminidio de Lucía Pérez”, 2023.
- Áreas silvestres de mujeres nativas, estadísticas de MMIW , 2022.
- Human Rights Watch, “Estoy viva, pero soy como si estuviera muerta” , 2020.
- Catharine MacKinnon, Feminismo sin modificaciones: discursos sobre la vida y el derecho (Cambridge: Harvard University Press, 1987), pág. 39.
- Kimberlé Crenshaw, “Mapping the Margins: Interseccionalidad, políticas de identidad y violencia contra las mujeres de color”, Stanford Law Review , vol. 43, núm. 6 (1991), págs. 1243-1245.
- Dejusticia, “Justicia restaurativa en Colombia: una alternativa con enfoque de género”, 2021.
