Resumen: La violencia contra la mujer es una expresión de desigualdad de género que se manifiesta en múltiples formas: física, sexual, psicológica, económica y simbólica. Según la ONU y la CEPAL, esta violencia ocurre en distintos contextos—familiares, públicos, institucionales, estatales y en conflictos armados—y afecta de manera más severa a mujeres que enfrentan discriminación múltiple. Más que hechos aislados, estas agresiones son parte de un sistema que busca mantener la subordinación de las mujeres. Superar esta realidad exige conciencia, acción colectiva y un compromiso ético con la justicia de género.

En un blog anterior presenté el estudio llamado Violencia Contra las Mujeres en Latino América y el Caribe: Un análisis comparativo basado en la población de 12 países (Violence Against Women in Latin America and the Caribbean: A comparative analysis of population-based data from 12 countries), y lo comparé y contrasté con otras dos investigaciones llevadas a cabo en Latinoamérica. La primera, Dentro de las Cuatro Paredes: Evangélicos y violencia doméstica en Córdoba, Argentina, llevada a cabo por Paz y Esperanza en el 2013. La segunda, Dentro de las Cuatro Paredes – Evangélicos y violencia doméstica en el Perú. La comparación entre el estudio secular y los dos estudios realizados entre la población cristiana-evangélica no arrojó buenos resultados. La cruel realidad es que los cristianos ejercemos y sufrimos violencia de la misma manera que aquellos que dicen no profesar ni ejercer ninguna fe [1].

Ahora me gustaría hablar de tres estudios más. Dos llevados a cabo en los Estados Unidos, entre la población evangélica, pero con treinta años de diferencia uno del otro; y el tercero realizado recientemente en Australia.

El primero se llama Golpeada hasta la Sumisión: la tragedia de la esposa abusada en el hogar cristiano, llevado a cabo por James y Phyllis Alsdurf (Battered into Submission: the tragedy of wife abused in the Christian home, Alsdurf, J., and Alsdurf, P.)[2]. Para esta investigación, los Alsdurf entrevistaron a más de 500 pastores protestantes en los Estados Unidos y Canadá. Los resultados de la investigación revelaron que quizá muchos pastores hayan hecho mayor daño a la víctima al animarla a quedarse con el abusador en lugar de escoger ayudarla a encontrar un lugar seguro. Aquí algunos puntos resaltantes de la investigación:

  • El 26% de los pastores le aconsejaron a la mujer abusada que debía continuar sometiéndose a su esposo y confiar en que Dios honraría sus acciones.
  • El 25% de los pastores dijo que la falta de sumisión de parte de la esposa es lo que detonó la violencia.
  • La mayoría de los pastores indicaron que ellos estaban dispuestos a aceptar un matrimonio en el cual se presentaba alguna forma de violencia, en lugar de aconsejar una separación la cual podría terminar en divorcio.
  • El 71% de los pastores dijo que ellos nunca le aconsejarían a una mujer abusada dejar a su esposo.
  • El 92% de los pastores dijeron que ellos nunca le aconsejarían a una mujer abusada buscar el divorcio.

La segunda investigación por discutir se realizó en el Medio Oeste de los Estados Unidos, y es un estudio realizado entre el 2005 y el 2015, que explora la atmósfera de apoyo a las víctimas de violencia doméstica dentro del clero cristiano y los miembros de la iglesia [3]. Aquí algunos de los resultados:

  • Los miembros de la iglesia desean que el clero tenga entrenamiento en consejería para que así pueda hablar de la violencia doméstica desde el púlpito.
  • Mientras muchos miembros de la iglesia preferirían asistir a consejería con su pastor si ellos se encontraran en una relación violenta, el clero se sentía más confortable refiriendo a las víctimas a consejería profesional.
  • Tanto el clero como los miembros de la iglesia desean crear una atmósfera de seguridad y apoyo para las víctimas y sobrevivientes de relaciones violentas.

El tercer estudio se efectuó en Australia, pero a pesar de la lejanía geográfica y cultural, coincide en gran manera con ambos estudios realizados en Estados Unidos. Ya hemos discutido que las víctimas que pertenecen a una comunidad de fe, al encontrarse en situaciones de violencia en su hogar, a la primera persona a la que acudirán será a su pastor o a un líder dentro de la iglesia. El estudio “Sométanse a sus maridos: Mujeres a quienes se les dijo que sobrellevaran la violencia doméstica en el nombre de Dios” (“Submit to your husbands: Women told to endure domestic violence in the name of God”)[4], entrevistó a más de 250 personas, entre ellas personas del clero, trabajadores sociales, psicólogos, etc., y examinó la intersección de la fe, la religión, y la violencia doméstica. El estudio encontró que parte del problema es la iglesia misma como institución, al interponer otros factores antes que proveer seguridad, comprensión y refugio a las víctimas. Entre las razones citadas por los entrevistados para no poder ofrecer ayuda adecuada a las víctimas están:

  • El énfasis en el perdón y en la sumisión bajo cualquier circunstancia.
  • La renuncia al liderazgo femenino.
  • El estigma que rodea al divorcio, aunque este sea consecuencia del abuso.
  • La falta de entendimiento de lo que constituye abuso doméstico y cómo responder a este.
  • La incredulidad al escuchar las historias de abuso de las mujeres.
  • La falta de deseo para responder con urgencia ante la situación de violencia.

Los tres estudios discutidos en este blog, más los dos discutidos en el blog anterior, arrojan luz sobre lo siguiente:

  1. La violencia doméstica sucede y ha estado sucediendo dentro de nuestras comunidades de fe.
  2. La escasez de educación y sensibilidad entre el clero, los trabajadores eclesiásticos, y los miembros de la iglesia para conocer más a fondo la prevalencia del problema de la violencia en sus diferentes manifestaciones y saber cómo lidiar con ella.
  3. La necesidad de que, en la iglesia, existan planes o estrategias de educación, intervención, ayuda y prevención para apoyar a las víctimas.

Y, por último, los cinco estudios presentados le recuerdan a la iglesia el compromiso ineludible de trabajar con los más vulnerables, proveyéndoles seguridad, sanidad y restauración.

 

Referencias

[1] Violence Against Women in Latin America and the Caribbean: A Comparative Analysis of Population-Based Data from 12 Countries. PAHO/WHO, 2012.

[2] Alsdurf, J., & Alsdurf, P. Battered Into Submission: The Tragedy of Wife Abused in the Christian Home. 2nd ed. Eugene, Oregon: InterVarsity Press, 1998.

[3] Zust, B., Flicek, B., Moses, K., Schubert, C., & Timmerman, J. “10-Year Study of Christian Church Support for Domestic Violence Victims: 2005–2015.” Journal of Interpersonal Violence, 2018. doi:10.1177/0886260518754473

[4] “‘Submit to your husbands’: Women told to endure domestic violence in the name of God.” ABC News. https://www.abc.net.au/news/2017-07-18/domestic-violence-church-submit-to-husbands/8652028. Published 2019.

[5] García, Vanina et al. Dentro de las Cuatro Paredes: Evangélicos y Violencia Doméstica en Córdoba, Argentina. Córdoba: Paz y Esperanza, 2014.

[6] Calderón Carranza, Mauricio et al. Dentro de las Cuatro Paredes: Evangélicos y Violencia Doméstica en el Perú. Lima: Paz y Esperanza Internacional, 2014.

 

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